11.03.26


Fotografías por: Adolfo Batz

aquí el sol pega más duro


serie compuesta por 17 retratos inidentificables, elaborados entre 2021 y 2025. las piezas fueron trabajadas al óleo sobre tela, siendo la mayoría intervenidas con pintura acrílica, en aerosol y marcadores. posteriormente cada una fue enmarcada en molduras texturizadas de tonos iridiscentes, alterando el gesto refinado que suelen evocar este tipo de marcos alrededor de figuras o imágenes sacras.

las pinturas fueron exhibidas en un parque de san miguel petapa, municipio ubicado al sur de la ciudad de guatemala, como respuesta a la ausencia de espacios de exposición artística en la zona. esta decisión, al contrario, buscaba colocar la “muestra” en un lugar que no fuera necesariamente una galería en el centro de la capital o en otros espacios afines al arte. la exposición duró un día y nadie llegó, quedando como único registro esta serie de fotografías capturadas en un día soleado.


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Sin forma ni centro 


Saliendo de la capital guatemalteca hacia el sur del país, el suelo de la ciudad se hunde y pierde altura. El calor que provoca este cambio en la superficie es parte de la escena cotidiana y de los barrios donde se hace la vida común, allá, al filo de la urbanidad. Ese mismo delirio caluroso pudo haber sido el responsable de la aparición de varias criaturas que nacerían en 2021, durante una tarde de juego, entre el choque de la plástica y la imaginación deforme de Manuel Monterroso. 

Utilizando la pintura, Manuel comenzó a elaborar una serie de retratos con los que tomaba distancia de imágenes como las que suele evocar un arte para la decoración. En lugar de lo aceptable, imaginó una familia de rostros elaborados a partir de collages que hizo con pintura, marcadores y otro tipo de rayones e intervenciones. Más adelante, las caras retratadas terminarían dando forma a un pequeño grupo donde conviven bufones que apenas sonríen, luchadores nostálgicos y criaturas disfrazadas. Todo conviviendo dentro de una zona difusa. Para Monterroso, las piezas equivalen a “retratos inidentificables” que carecen de rasgos étnicos o de género; aunque sea fácil reconocer en ellos una visceralidad masculina, acaso vulnerable, donde las miradas se tensan y se pierden en el vacío. 

Después de terminar la serie de retratos en 2026, Manuel decidió “exponer” las obras en el parque de la colonia donde creció, en San Miguel Petapa. Colocó las pinturas sobre varios muros, sin esperar a que estas produjeran algo como lo que suele ocurrir en las opulentas exposiciones donde el arte despierta ritos artificiales de interacción social. De hecho, nadie se acercó a las paredes que Monterroso transformó en una no-galería. Sus criaturas retratadas, como su ejercicio expositivo, existen porque no hay otro lugar donde puedan estar sin que pierdan su esencia monstruosa. Esta obsesión por ver fuera de los epicentros señala que el llamado “arte” tiene la posibilidad de brillar y jugar, a su modo, aun en parques y muros vacíos.  

Texto por: Alejandro Ortiz López